-Le quiero preguntar sobre sus preferencias artísticas, no sólo de la escultura, sino también de la música, la historieta, la pintura. ¿Cuáles serían esos nombres que usted diría que no le pueden faltar?
Bueno, si me
hablas de música, te digo que en general me gusta la música; no entiendo el ruido
llamado música. Debe ser un poco por mi edad, porque la generación nuestra no
acepta el ruido como música. No la
quiero negar porque no la entiendo, pero si a mí me hablas de música
popular te puedo decir que me gusta mucho Piazzolla. Me encanta. Creo que es
uno de los músicos argentinos mejor dotados; pero en general me gusta la música clásica. Piazzolla se asemeja mucho a la música clásica y aparte
fue un recreador del tango de una forma realmente musical. La música de tango
me gusta, creo que de lo popular-popular es lo que más se asemeja a la música.
En una época, cuando era muy joven, me gustaba el jazz, pero aquel jazz de Glenn Miller, de hace muchos años atrás, te hablo de cuando yo había nacido. Es la
música que escuchaba la juventud, pero no era ruido, como es hoy, era música.
Pero en este momento te hablo con tranquilidad y te digo con toda sinceridad
que me gusta la música clásica en general y, particularmente en lo popular,
Piazzolla.
-¿Y por ejemplo en el campo de la
escultura, la pintura o la historieta?
En la historieta
tengo muy buenas relaciones. La historieta, o digamos, el humor gráfico que en
Córdoba se ha dado mucho desde Alberto Cognini, un gran amigo mío que fue el
creador de la revista Hortensia, pasando
por señores dibujantes de historieta como el caso Cristóbal Reinoso, "Crist", que es otro compañero de andanzas
o el "Negro" Fontanarrosa en Rosario. El humorismo gráfico es muy importante en
nuestro país, y particularmente en Córdoba.Después en otras disciplinas de arte te puedo
decir que me gusta mucho el teatro. No te olvides de algo que no te conté
todavía que yo fui Director de Cultura en la ciudad de Córdoba y estuve
relacionado con casi todas las disciplinas artísticas. De mi dirección
dependían el departamento de música, el departamento de plástica y el
departamento de letras y teatro. O sea que en música no solamente teníamos la orquesta
de cuerdas, sino teníamos los coros polifónicos, teníamos una banda
infanto-juvenil muy linda, que estaba todo a cargo mío y después en plástica
teníamos, aparte de las actividades prácticas, un museo, el Genaro Pérez; y en
letras también teníamos un departamento muy, muy importante. En teatro, si tenemos que empezar a hablar en detalle,
debemos dividir lo que es el teatro cordobés y el teatro nacional, el teatro
argentino. Del teatro cordobés me
inclino por el clásico cordobés que fue Miguel Iriarte, con sus famosos San
Vicente Super Star, Quince Carbonitas Quince; con un montón de cosas que se
hicieron en Córdoba a raíz de Miguel Iriarte, y eso viene enganchado en mi vida
porque cuando yo era alumno de la escuela secundaria, la escuela de comercio
era (nada que ver con el arte, ni con el teatro), surgió un grupo de alumnos de
la escuela, un movimiento de teatro que se llamó Siripo. En este movimiento de
teatro yo participé, y no como actor, sino como escenógrafo; a mí me gustaba
dibujar, hacer cosas, entonces yo
proponía la escenografía. Y en este grupo artístico Siripo, participaba Miguel
Iriarte también; en esa época éramos chicos, claro.
-Fue compañero de usted, entonces.
Fue compañero
mío de la escuela y después él fue actor y nos encontramos en la vida siendo él
actor y yo Director de cultura. Eso fue el desarrollo
del teatro cordobés. Después en el país, y llamémosle desgraciadamente país a Buenos Aires, tenemos el movimiento de teatro que está compuesto
por el teatro vocacional y el teatro profesional. Del primero
nacieron la mayoría de actores que hoy son
profesionales. El movimiento de teatro vocacional en Buenos Aires es muy
importante, te puedo nombrar señores actores como Duilio Marzio, Ignacio
Quirós. Gente que nació de este movimiento de teatro vocacional, qué después
murieron; Duilio murió hace poquito tiempo, era un gran amigo mío, Ignacio
murió ya hace unos doce, quince años. Se formaron en el teatro vocacional y
pasaron a ser señores actores del teatro
argentino; después podemos hablar de Alcón y de un montón de actores para
enumerar.
-Me interesa, ya que justo lo nombró, lo
de su tiempo como Director de Cultura de la ciudad de Córdoba. ¿Cómo fue su
experiencia en el cargo?
Mira, yo a veces
no hablo mucho de este tema porque, lamentablemente, la política del ser humano
es la política de la negación de lo anterior. Yo formé parte de la gente que estuvo en Cultura en la época de
lo que llamaban el Proceso; yo ingreso
como Director de Cultura en el año ochenta, que todavía estaban los militares,
pero ya yéndose, porque cuando yo ingreso al cargo ya no había militares en la Intendencia de la ciudad de Córdoba, el Intendente era Rubén Pellanda, que era
un médico, quién fue el que me convoco a mí para ser Director de Cultura. No
tenía ningún personaje militar yo , ni
en mi departamento, ni siendo jefe mío ni nada, porque mi jefe era el Secretario de Cultura de la Municipalidad que era Prudencio Bustos Argañarás,
que es historiador, que fue ahora
diputado y qué se yo, pero no era militar. Yo nunca estuve con un arma en la
mano, yo era del gobierno del Proceso pero hacía cultura; yo participé de la
transformación de los mercados de producción o mercados de abasto en centros
culturales, como el Centro Cultural San Vicente, el de Alta Córdoba o el de
General Paz. Nosotros participamos en la creación del Paseo de las Artes; esa fue una obra que se hizo en la época en que yo era Director de Cultura.
-Desde su perspectiva, ¿en qué es fuerte
y en que es débil Córdoba artísticamente hablando?; si es que “fuerte” es el
término correcto. ¿En qué le falta florecer a Córdoba?
-Bueno, acá lo que nos falta son años. Nuestro pueblo es muy joven
todavía; o sea, el arte, como te dije al principio, se mide por el tiempo, si se mantiene como obra arte. Entonces
la cultura de un pueblo se forja a través de la historia. ¿Por qué la historia
de la cultura del mundo está en Europa? Porque son los pueblos más viejos que están haciendo cultura. En la
ciudad de Córdoba yo te puedo decir que cambiaron algunas cosas desde que yo
dejé de ser Director de Cultura a ahora pero el
problema es cuando se politiza la cultura. En la democracia, intervinieron los
intereses políticos de cada corriente;
cuando cambia el signo político, cambia el signo del arte, el porqué del arte, y eso nos pasa no solamente en la ciudad de
Córdoba, nos pasa aquí en Villa Allende.
Cuando teníamos un gobierno de otro color acá, había manifestaciones culturales
de otra forma.
-Quieren guiar el arte para cumplir sus
objetivos.
Claro, cada uno
lo mueve para donde le van los votos. O sea, yo me jacto de haber asesorado a
algunos gobiernos de la ciudad de Villa
Allende cuando recién vine acá, de esto
hace 25 años. Traté de asesorar cultura, yo había dejado de ser Director de Cultura en Córdoba y me vine a vivir a Villa Alllende, y traté de ofrecer o
regalar mi experiencia de Director de Cultura y de artista para hacer alguna
especie de movimiento cultural en Villa Allende y fue cuando creamos los circuitos de escultura al aire libre que se hacían en la plaza Belgrano, aquí en
la ciudad, que se hicieron durante varios años con participación de escultores
de todo el país. Se congregaban acá veinte,
veinticinco escultores que trabajaban una semana
entera a vista de toda la gente y era un
movimiento cultural muy lindo, que después tomó la posta de eso , cuando se dejó
de hacer acá, Unquillo y allí siguen haciendo esos encuentros de escultura, que
hoy están llenando la ciudad de Unquillo con esculturas buenas, con obras
importantes, que acá nosotros las perdimos porque los gobiernos que sucedieron a
los de antes no les interesó. Entonces, se acabó la corriente cultural que
habíamos, no impuesto, pero que sí
habríamos tratado de hacer durante la época en que yo trabajé asesorando, nada
más. Yo ni era funcionario público, ni me interesaba serlo, sino que me sentía amigo de los
funcionarios públicos del momento, que me convocaron, me pidieron la opinión y
yo traté de asesorar.
-Claro, los aconsejaba.
Exactamente.
-¿Cuál es el “poder” del arte, por así
decirlo? O sea, si yo me convierto en artista, ¿qué puedo hacer?
El arte no tiene
un poder determinado. El arte es la voz de un pueblo, dicha desde la órbita del
artista. O sea, el artista es un ser humano como cualquier otro, con la
diferencia de que hace arte. Entonces, el escritor sabe escribir y, como
también es ser humano y como vecino, va a escribir sobre su pueblo y sobre su
gente. Esa es la importancia que tiene el arte en este caso. Yo como escultor
voy a ser un vecino más que cuente las cosas desde el punto de vista de un
artista, entonces esta es la importancia, pero no el poder. El arte no tiene poder. El artista tiene la
suerte de saber decir de otra forma lo
que a lo mejor todo el pueblo quiere decir. Es una manifestación popular, nada
más. Porque no creamos que lo popular es solamente los corsos, los festivales;
no, la expresión popular es todo.
-Como la cultura, que es todo.
Claro, porque
cultura no es solamente pintar cuadros y hacer esculturas. Cultura es la
manifestación de un pueblo. La expresión, la marca que va a dejar en la calle el pueblo que pasó en esta época; por eso es
que medimos por ahí los tiempos de acuerdo al tipo de obra que se hicieron,
porque cuando mi obra se vea dentro de
500 años van a decir: “Ah, mira, en
aquella época había máquinas de soldar
que eran tan antiguas que podían hacer nada más que esto. Ahora se hace todo electrónico”.
-Por último, ¿qué le recomendaría o qué le recomienda a un joven artista, a un joven escultor?
Yo le recomiendo
a la gente que quiera hacer arte, primero y principal, estudiar; ir a la
escuela. Esta no fabrica artistas, te lo dije al principio, pero te enseña los
caminos para llegar a hacer una obra de
arte. Entonces, primero y principal, estudiar y después no creer que el artista
es de fiesta, el artista tiene que trabajar como un obrero. El trabajo y el
conocimiento logran una obra de arte.
-Muchas gracias, señor Solís.
