martes, 16 de agosto de 2016

Modesto Benítez, el “Boni”: una historia para contar

El ex futbolista marullense, de 80 años nos concedió amablemente una entrevista en la que hizo un repaso de su vida tanto futbolística como personal. Una ocasión más para conocer a este entrañable personaje de Alicia y la zona.

Por Lisandro Trucco. 

Son las 5 de la tarde y al llegar a la casa de su hija, lo encuentro a Modesto Benítez, popularmente conocido como “Boni”, luchando para poder hacer dormir a su pequeña nieta de tan sólo un año. A causa de esto nuestra charla retrasa su comienzo hasta que Modesto logra su cometido.

“Mi historia es larga”, dice con un tono cansino, calmo y allí comienza nuestra charla. La historia empieza cuando un joven Boni llega a Alicia a finales de los 70s; en 1979 más precisamente. El Boni llega a esta pequeña localidad del este de Córdoba tras una dilatada estadía por diferentes pueblos y ciudades de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. “Yo nací en Marull. Y después a los 5 años, me fui a vivir a San Francisco (Córdoba) y allí  estuve hasta los 24 años. A esa edad me fui  a vivir a Buenos Aires. Después llegué a Mar del Plata, y después me vine de vuelta a Bs As, volví a  Mar del Plata y después de Mar del Plata me vine a San Francisco  y de San Francisco me vine para acá (refiriéndose a Alicia)”.

Este intenso andar y desandar de caminos, pueblos y ciudades, que comenzó de tan pequeño, fue íntegramente por el fútbol, pasión por este deporte que lleva en la sangre tanto él como su familia; pasión que arrancó después de los 7 u 8 años de edad, en canchas de baby fútbol en la ciudad de San Francisco, donde se medía con niños de la edad y más grande, lo que le obligó a ocupar el puesto de arquero, lugar del campo de juego que poco placer le generaba. Por esto es que dejó el deporte más popular por unas semanas. Pero, el destino le tenía preparado otros planes y el llamado llegó. “Otro domingo me pusieron. Jugaba de wing. Y... bueno... me pusieron adelante y jugué bien, jugué bien y me dejaron y ahí seguí jugando.” Allí arrancaba la carrera de Modesto Benítez, quien, en segundo grado de la primaria, ya se codeaba entre los grandes para jugar su primer campeonato; un comercial nocturno en la ciudad de San Francisco donde además, llegó su primer pequeño gran logro. “Salimos campeón, campeón invicto. No perdimos ningún partido.”

El paso de Benítez por los potreros de los barrios fue muy breve, porque muy precozmente llegó a la liga amateur y las ocupaciones eran más serias ahora. “Tenía 16 años.  Jugaba los sábados ahí en San Francisco, en la Liga Amateur y los domingos a la mañana me iba a jugar a Josefina, a la Liga Rafaelina. Tenía 16 años y ya jugaba en la primera…”. En esos torneos, y a pesar de tener una edad prematura aún, se forjó como el rápido delantero que llegaría a las grandes luces de Buenos Aires.
Sin embargo, a la edad de 22, tuvo que volver a la ciudad de San Francisco y, al volver al club Sportivo Belgrano de esa ciudad, para integrar un equipo competitivo que le hicieron llegar a Benítez a sus primeros logros oficiales: subcampeón de la Liga Cordobesa en 1958 y campeón de esta misma liga en 1959. Estos logros catapultaron a Modesto Benítez y a 2 compañeros más a la primera división del fútbol argentino. “Tenía… 24 años y me compró San Lorenzo (de Almagro). A mí, a Eladio Rodríguez, a Aimar… A nosotros tres.”
Es allí cuando comenzaba la carrera de Benítez lejos de su provincia natal y de su familia, pero con la satisfacción de haber cumplido un sueño, sueño que se hacía más relevante aún al saber que llegaba a la institución de Boedo para formar parte del plantel de primera, no sólo con la intención de pelearle la titularidad palmo a palmo a jugadores ya instalados sino que incluso, debutando rápidamente en el primer equipo, un equipo que tenía grandes figuras de aquel tiempo y de hoy en el plantel. “Jugaba Carrillo, Cancino, el Turco Iñigo, jugaba…. No me acuerdo… Reynoso. Adelante jugaba… hay veces que jugaba yo, Ruiz. Sabia jugar otro pibe Leeb, después jugaba Sanfilippo y Boya.”. El dato no menor de la convivencia con semejantes compañeros es  que allí forjó una gran amistad  y que hoy perdura con la reconocida figura del fútbol argentino José Sanfilippo.
Pero, a Benítez el fútbol (y la vida) le deparaban más sorpresas: al mes de llegado a Buenos Aires, partió con el elenco azulgrana a una gira por Centroamérica, recorriendo países tales como Perú, Colombia, México, entre otros.

 

Sin embargo, el periplo de Benítez por la primera división en el club de Boedo no fue muy exitosa. Su estadía en el club de Boedo fue de sólo dos años; entre 1960 (jugó 8 partidos) y 1961 (jugó 1 partido), sin registrar goles en ningún caso.
Lamentablemente, el año 1961 sería negro para Modesto Benítez, ya que tendría una lesión “bastante brava” –en palabras del mismísimo “Boni”-, que lo dejaría más de un año sin jugar, lo que produjo la ida del elenco azulgrana.
Pero… por esas cosas de la vida, recalaría en otro San Lorenzo: esta vez, de Mar del Plata, que, por aquel entonces, era uno de los equipos más populares de la ciudad atlántica. Dicha institución el abriría las puertas tras su lesión, institución que con la llegada de Modesto y varios nuevos jugadores, daría inicio a una época dorada. “San Lorenzo de Mar del Plata no había ganado nunca un campeonato, nunca. Y ese primer año que llegamos nosotros, salimos campeones.” El logro se dio en 1963, puntapié de un período glorioso para el club, ya que en 1964 el logro se repetiría, al consagrarse  campeones de la Liga Marplatense por segunda vez consecutiva, siendo que este era un club que nunca había conseguido ningún título.
A partir de allí se produciría otro giro en la carrera futbolística de Modesto: en el año 1965, más precisamente, cuando el club Argentinos Juniors se hacía de sus servicios para así volver a jugar en el campeonato de primera división del fútbol argentino. Un campeonato diferente al de hoy en el que se disputaban 24 partidos, en la modalidad “todos contra todos”, como se diría en el barrio; campeonato en el que Benítez jugó casi por completo.

Pero… no todas eran buenas en el equipo de La Paternal. “Me pintaron el oro y el moro pero resulta que después no te pagaban, renegabas como un loco para que te pagaran.”
La situación se hizo complicada en cierto momento, a tal punto que el Presidente de San Lorenzo de Mar del Plata, al enterarse de la situación y, al tener un gratísimo recuerdo de Benítez en su paso por la institución de la costa atlántica, le ofreció volverse si permanecía la deuda y el incumplimiento de los pagos. Al analizar la situación, “Boni” lo dudó poco y cuando su esposa le consultó, él ya había tomado la decisión. “Hablé con los dirigentes, me dijeron que no podía arreglar, todo. Le digo: ‘¿Por qué no hacemos una cosa?: por lo que ustedes me deben, me dan el pase y listo.’ ‘Bueno, espere un poquito afuera’, me dijeron. Así que esperé un ratito afuera. Estuvieron hablando, me tuvieron un rato largo esperando. Y bueno, se ve que llegaron a un acuerdo, porque no me podían pagar lo que me tenían que pagar. Así que me dijeron: ‘Bueno, la comisión resolvió que te damos el pase en blanco’.”
Prontamente, Modesto ya estaba de vuelta en la institución de la ciudad atlántica. “Me fui a Mar del Plata y ahí estuve hasta el ’70 y pico, 75…”

Un dato no menor para subrayar es que en todos los clubes en los que había estado en la Provincia de Buenos Aires, había sido para jugar en la primera de cada institución y, esta llegada a Mar del Plata, no era la excepción.

Y aquí la trayectoria futbolística de Modesto Benítez, llegaba a su fin. 
No obstante, no deja de ser un dilatado y emocionante paso por el fútbol argentino en épocas muy diferentes a la actual.
Así, su trayectoria ve su conclusión en el año 1970, a los 34 años de edad, con muchos partidos jugados en la primera división (82, según datos de la web, con 7 goles en su haber).

Además, en ese lapso de tiempo jugado en primera se cruzó con grandes glorias del fútbol argentino. “Jugué contra Boca, jugaba Marzolini, jugaba Rattin, jugaba Roma… ”. “Es más, yo cuando debuté en San Lorenzo, jugamos un partido amistoso una noche, en marzo era. Ese partido amistoso, Boca compró a Marzolini. Habíamos vuelto de la gira (a Centroamérica) y jugamos. En contra jugamos. Y ahí creo que fue el mejor partido de mi vida. No había forma, no me podía parar… (Marzolini) –quien, recordemos,  después sería uno de los mejores laterales izquierdos del mundo, integrante del seleccionado, etc.-”.
Y hay más datos interesantes: en su recorrido futbolístico al mayor nivel, registró la visita de los estadios más emblemáticos de nuestro país. “Mirá, yo creo que jugué en todos los estadios. Creo que jugué en todas las canchas –haciendo referencia al Monumental, La Bombonera, el Cilindro de Avellaneda, el Palacio Ducó, etc.-“.  
A raíz de esto una pregunta es inevitable: ¿Qué se siente jugar en un estadio inmenso, repleto de gente? “Ni mirás para arriba, sentís los ruidos nomás, pero sino…. nada”. Sin dudas que es una respuesta sorprendente e inimaginable para los tiempos que corren hoy, y es por eso que allí se notan los cambios al respecto.
Entonces, y a partir de lo hablado anteriormente, a  Modesto se le viene a la mente el partido de vuelta de la semifinal de Copa Libertadores en la que Boca quedó eliminado de local contra un equipo menor, demostrando de que hoy en día la presión no sólo que existe sino que también juega. “Los jugadores de Boca, la sentían. Parecía que estaban asustados, parecía que no habían jugado nunca…”
En este punto nuestra charla vira hacia otros mares, aunque siempre remolineando en la temática futbolística, y nos disponemos a hablar del fútbol argentino en general, del hoy y del ayer de nuestro fútbol, los cambios que se han producido, con alguien que es palabra autorizada del tema porque la vivió desde adentro y sabe contar cada detalle al respecto. “Hoy en todo cambió el fútbol. El fútbol hoy no es tanto… no se juega tanto al fútbol sino que hoy, es lo físico todo. La preparación física es todo hoy. Porque… es la realidad. Vos viste los partidos que corren y te ganan corriendo.” Además, y, ante la pregunta si recordaba haber enfrentado a alguna gloria, nos señala que antes ni siquiera se sabía a qué jugador enfrentabas, sólo al equipo. “Nosotros sabíamos quien eran los que jugaban en contra porque estaban los 11 que jugaban al frente, así que no me acuerdo el nombre de los jugadores contra los que jugué. Pero jugué con muchos jugadores de mucha categoría”.

En este repaso de diferenciación nos cuenta las diferencias de la Copa Libertadores de aquel entonces a la par de la de hoy. “Antes había pocos equipos, eran pocos equipos los que entraban. Terminaba rápido la copa. No se jugaba con todos los otros. Nosotros jugábamos acá con Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile.”. Pero, sin dudas que esa Copa Libertadores de 1960 fue algo único para Benítez y para San Lorenzo de Almagro todo. “Y… mirá vos como era: teníamos que jugar esa final en cancha neutral, teníamos que jugar en Paraguay, pero no sé qué relación hubo, movimiento de guita ahí y... Peñarol no sé cuánto puso para que se jugara la final allá y... fuimos allá”, sumado esto a la dificultad de la gente de San Lorenzo para viajar, haciendo así de esta una final bien visitante, con un Centenario repleto de uruguayos.
El dato interesante de ese día, de esa final es que Boni venía de romperla en la semifinal, en Río de Janeiro y el DT no lo puso por un malentendido que habían tenido después del partido anterior, entonces, en su lugar ingresó un tal Carlos Salvador Bilardo. Pero, su ausencia se notó y… “Perdimos 1 a 0, ¡lo querían comer los muchachos! –refiriéndose al técnico de San Lorenzo, que era Barreiro-.”
Por otro lado, Benítez nos contó que en San Lorenzo de Almagro se encontró con una gran cantidad de jugadores del interior. “No había todos porteños. Había muchos del interior. Si ya te digo, de los equipos que jugué en San Lorenzo de Buenos Aires (de Almagro), salvo Sanfilippo, Facundo y no sé si algún otro. Éramos todos de afuera los demás: salteños, santiagueños, tucumanos, cordobeses…”, lo cual le ayudó a acomodarse mejor en la urbe porteña.

Además de una organización logística y económica muy amateur, en comparación a las comodidades y beneficios que tiene los jugadores profesionales hoy. “Yo jugué la primer Copa Libertadores. Nos concentraban en el mismo club. Tenían unas piecitas todas divididas así, hacé de cuenta que era un galpón dividido. Nada que ver con los de ahora.” Y eso no es todo: “Yo creo que no nos pagaban ni el colectivo... –dice entre risas-. Te pagaban un premio, pero no me acuerdo yo. Si antes, un poquito más y nosotros teníamos que pagar para jugar. Si nosotros en San Lorenzo no ganábamos mucho… Yo gané más plata en San Lorenzo de Mar del Plata que en San Lorenzo de Almagro y que Argentinos Juniors también. Hoy es otra cosa.”
De cualquier manera, y saliendo un poco del tema, las concentraciones eran muy diversas.
-¿Recordás cómo eran las concentraciones? Sobre todo en San Lorenzo de Almagro, pero digo, sin celular, sin teléfono…
“No, no, nada. ¡Ni televisor!”
-¿Y qué hacían? ¿Escuchaban radio? ¿Dormían? ¿Jugaban a las cartas?
“Por ahí jugábamos a los naipes… Pero no, nada que ver a ahora.”
-¿Algunos leían?
“Si, algunos, sí. Pero… nada que ver con ahora…”
Ya acercándonos al final de la charla nos cuenta de su vida pos futbolista; sus otras ocupaciones que ejerció, la familia, amigos, lo que dejó.
-¿Vos te retiraste del fútbol a los 30 años?
”34 años. Y me vine a dirigir acá (en mención a Alicia).”
-¿Pero no jugaste más?

”2 partidos jugué acá en Alicia. Pero tenía 34 años, ya era muy grande.”

-¿Ya te pasaban por arriba los chicos?

+”Si, y eso que yo me entrenaba a la mañana, solo. Me entrenaba con los chicos del baby fútbol (a la tarde) y a la noche me entrenaba con los jugadores de primera; así que yo me entrenaba 3 veces por día.”

-¿Y llegaste a Alicia en el…?

“‘79.”

-¿Y ya te quedaste para siempre?

“No, no, dos años estuve acá y después estuve dos años en El Arañado y después me vinieron a busca de vuelta de acá (por Alicia) y vine de vuelta.”

-¿Y ahí siempre jugabas o eras técnico solo?

“No, no. Técnico solo. Y vine y me quedé.  Después dirigí fútbol de la Municipalidad. Los chicos del futbol infantil…”

-¿Y primera dirigiste o no?

“Si, primera dirigí a Filo.”

-O sea que después de ser futbolista, ¿Tu próximo empleo fue técnico?

“Si, sí.”

Pero, un día le hacen una propuesta… “A mí me pagaban para dirigir los chicos como si yo trabajara en la Municipalidad. Y el Intendente me llamó un día y me dice: ‘¿querés encargarte del Poli? –en referencia al Polideportivo de Alicia-‘; le digo: ‘¿para qué’ Y dice: ‘total tenés los chicos al frente, quedate y te pago otro sueldo’  y así me quedé.”

-¿Cuánto hace que te jubilaste?

“Hace como… 4 o 5 años”

-Y tenías unos… 25 años trabajando ahí…

“See, tenía más entradas al poli que a mi casa, je”

Finalmente, cuenta qué es lo que le dejó el fútbol, después de toda una vida alrededor de una pelota. “La satisfacción más grande que me dejó: amigos –dice con un tono de añoranza-.”Además, el recuerdo de su paso en la memoria de mucha gente, tanto de san Lorenzo de Almagro como en el de Mar del Plata, así como también una gira en Centroamérica que nunca olvidará, pese a no tener recuerdos materiales.
-Los recuerdos, sólo te quedan a vos…
“Si, me quedan en la mente y nada más. Es íntimamente mío.”

Y, para cerrar, había que llegar al presente, un presente que lo tiene dedicado a… ¿A qué?
¿A cuidar qué? “Todos los nietos. Estoy contento. Lo que pasé en mi vida, demasiado…”
Pero claro, la vida de Boni siempre tiene una sorpresa y parece que siempre puede agregar un capítulo más y casi como resumiendo el mismo trajín de su vida, con mucha sorpresas y con situaciones inesperadas en muchos casos, nos deja en el cierre de la nota una perlita que sorprenderá a propios y extraños. “Muchos me preguntan si jugué con Pelé, y si, es verdad. Jugué contra Pelé en una gira, con San Lorenzo de Mar del Plata –esto fue en aquella histórica gira que hizo el Santos de Pelé en el año 1964 por toda la Argentina-.”


 








viernes, 20 de febrero de 2015

Citizenfour, de Laura Poitras.


  Citizenfour de Laura Poitras no se parece un documental, o al menos, no a aquellos que pasan por H2 ( History Channel 2) ; tiene el alma y el contenido de uno,  pero la forma de una película. Y es por eso qué, ya conociendo la historia de Snowden, me intereso más por resaltar el impresionante aspecto técnico del documental y la gran forma que tiene de narrarnos la historia: esta es una manera totalmente dinámica de contar un hecho real, sin quitarle el peso que tiene en verdad, es más, hasta es más fidedigno a las situaciones y la tensión de la realidad que los documentales a los que estamos acostumbrados. Sentimos el peso y la energía que tiene el tratamiento de las revelaciones de Snowden a Greenwald en los medios televisivos estadounidenses, la firmeza de la respuesta de Obama,el poder de los metadatos, entre otros. Evidentemente esto tiene fuerza porque es un tema actual, pero sin la adecuada dirección, el documental no hubiese tenido el mismo efecto. La obra de Poitras se centra en Snowden y no deja espacio, lamentablemente, para mostrar las respuestas a sus revelaciones a lo ancho del globo. Creemos que hubiese sido interesante mostrar como repercutió esta noticia en países opuestos a Estados Unidos como Cuba o Venezuela, siendo el primero un estado policial,tal como afirmó Andrés Oppeheimer, donde la vigilancia es más severa. Sin duda contarnos como sin privacidad no hay libertad ( y a la vez como el control es vigilancia) y como se ha vuelto más que sencillo para las agencias penetrar en la vida privada de las personas componen el eje central de la historia    
                                            
  Desde nuestra perspectiva, al documental le faltó,tanto por cuestiones informativas como estéticas, la entrevista que hicieron los mismos periodistas a Snowden en 2013.

 Nos queda decir que para grandes y pequeños periodistas, Citizenfour se alza como una parada obligatoria. Por sus aspectos técnicos que cualquier estudiante que esté interesado en el periodismo audiovisual sabrá valorar, por su magistral dirección, y por último y más importante, por el tema, que es nada más es el de los derechos civiles básicos que cualquier ciudadano del mundo debe estar interesado en proteger.






lunes, 9 de febrero de 2015

Pyongyang o la inesperada virtud del cómic periodístico.

   Me acerqué a este cómic por pura casualidad, cuando buscaba recomendaciones para nuevas lecturas de material independiente. En el blog Labortorio de sueños,  me topé con un análisis de una rama del noveno arte que desconocía para mi vergüenza personal: el cómic periodístico. Más aún fue mi vergüenza ( y sorpresa)  cuando cuando mi querido Maus de Art Spiegelman se encontraba dentro de éste subgénero. Entre los ejemplos que citaba el blog, me llamó la atención el de Pyongyang, una obra sobre la dictadura totalitaria de Corea del Norte que, y ya que andamos de sorpresa en sorpresa, no estaba escrita ( ni dibujada) por un periodista o historietista profesional, sino por animador de Canadá: Guy Delisle, nacido en Quebec en 1966. La obra relata el viaje de Delisle por el país de Kim-Il-Sung y se balancea perfectamente entre las libertades robadas del país asiático y las bromas y buen humor del canadiense. ¿Porque hablamos de la inesperada virtud del cómic periodístico? Porque, dada su propia naturaleza de arte secuencial, el cómic no logra ser tan profundo como una novela o un ensayo de mismo  número de páginas , pero sí nos permite conocer más que suficiente del régimen norcoreano sin tener que invertir tanto tiempo en su lectura y contemplación.

Para todos los que se quedaron pensando con lo que pasó el año pasado con la película The Interview, esta es una lectura ideal. Para todos los que quieran seguir leyendo a Delisle después de Pyongyang, recomendamos fervientemente desde aquí su trabajo en Shenzhen, aunque allí resalta más el carácter de cómic de entretenimiento y comedia que el de cómic de investigación periodistica.




Chanti, el rostro actual de la historieta humorística argentina



El famoso historietista mendocino nos concedió una entrevista para hablar sobre los inicios  de su carrera, sus influencias y su gran obra: Mayor y Menor.


Son los días finales del 2013 y me estoy tomando un café en mi computadora esperando a que Santiago González Riga, más conocido como Chanti, se conecte a Skype para poder empezar la entrevista. He conocido su obra desde chico, y todavía la sigo disfrutando, razón por la cual decidí armar esta charla. Cuando se conecta, empezamos rápidamente y mis ansias se disipan con la primera pregunta.

-Cuáles fueron sus inicios en el mundo de la historieta?

Bien, empecé desde muy chiquito, siempre me gusto dibujar pero tenía como principal pasión el contar historias con el dibujo. Antes de leer o escribir ya estaba haciendo historietas, mientras mi hermano me llenaba los globitos. Leía desde las revistas de Disney, a las Billiken; había una revista que me gustaba mucho  que venía del mercado franco-belga llamada Spirou, que era del estilo de la Asterix y fue la que me hizo el “clic” en mi cabeza para que me decidiera vivir de eso.
 Más tarde llegué  a leer cosas como El Eternauta, la Tony;  historietas más para grandes. De Fontanarosa, con Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso, saqué la forma de contar historias humorísticas, mediante la cual no se hace un chiste de un solo cuadro sino una historia que se va continuando; para decírtelo de otra forma el chiste no está en el último cuadro sino en toda la historieta.En mi adolescencia ya me interesé mas por la literatura, ya por libros con temática de terror, como los de Stephen King, o de fantasía, como los de Tolkien; sin embargo jamás llegue a interesarme por el cómic americano, porque siempre me han parecido obvios lo guiones; con el bueno, el malo que siempre están en un bucle interminable. Me gustó tanto El Eternauta ya que se salía del convencionalismo súperheroico. En el fondo, si te fijas, son todos lo mismo, ya que siempre está el trauma madre que originó todas sus segundas personalidades.
En mi infancia, los profesores, salvo uno o dos, trataron que no hiciese historietas, ya que era(o es) considerado un entretenimiento menor, algo previo a los libros.

-¿Cuáles fueron y son sus maestros?

Mira, como te contaba esta revista de Spirou y su dibujante, Franquin, fueron los que me nutrieron por mucho tiempo. Te puedo nombrar también a Fontanarosa. Ellos me enseñaron en lo que es lo mío, la historieta humorística, no el humor gráfico. Pero también es verdad que uno se nutre de todo lo que lee, no solo de sus favoritos; sin embargo tengo autores como referentes para mí, gente como Bill Watterson, de la tira Calvin and Hobbes. Sigo apreciando su trabajo y diciendo que a mí me gustaría hacer algo así.Con Quino no me siento muy identificado,  ya que él hacía más cosas mudas e historietas donde el chiste está en la última viñeta, cosa que a mí no me gusta; él hace cosas autoconclusivas y a mí lo me interesa es contar una historia. Pero no te confundas, lo considero un capo total, es uno de los máximos referentes de nuestra historieta.



Calvin and Hobbes, un modelo a seguir para Chanti

-¿Cómo se inicia en el mundo profesional?

Cuando termine la secundaria, no sabía qué hacer, y tampoco tenía a nadie a quien preguntarle sobre cómo iniciarme en el mundo profesional de la historieta, así que, por consejo de mi papá, seguí Diseño Grafico. Mientras cursaba esta carrera publique mis primeras historietas; a los 21 años tuve una en el suplemento infantil de San Juan llamada Mate y Bombilla, que trataba justamente de las aventuras de un chico apodado Mate y su lagartija llamada Bombilla. Estuve como cinco años publicando allí mientras viajaba a Buenos Aires a golpear las puertas de los editores con mi carpeta de trabajos bajo el brazo. Si hubiese habido Internet en ese tiempo se me habría facilitado mucho la cosa (risas). Muchas puertas ni siquiera se abrieron, pero otras sí, como fue el caso de las de Billiken y el diario La Prensa. En Billiken publiqué hasta el 2001. Años más tarde, me llaman de la revista y me proponen hacer La Valijita y crear a sus personajes. Fue allí donde nació Facu y Café con Leche.
Ya son 10 años con Facu y Café con Leche y Mayor y Menor, he conseguido publicar en España y Estados Unidos, y empecé a realizar proyectos de libros educativos.



Mate y Bombilla, La primera historieta de Chanti

-¿Cómo surge su obra más importante, Mayor y Menor?

Surge de ver a mis sobrinos, el menor no puede vivir sin su hermano y viceversa, por más celoso que esté de él. La relación amor/odio entre los hermanos fue lo que me gustó y resultó mi llave para hacer una historieta sobre chicos. Cuando los vi dije que el protagonista no iba a ser uno de los dos hermanos, sino la relación entre ellos. La forma de pensar de los chicos es otra cosa que me encandiló para hacer la historieta. Hice unas cuantas y las mantuve en stand-by hasta que apareció Rumbos y comenzamos a publicarla allá por 2003. Hasta que llegó esta revista, solo había hecho dos historietas de Mayor y Menor, ya que para mí solo tiene sentido hacer historietas cuando esta el lector, ya que no trabajo para mí sino para ellos.

-¿Le ha sorprendido el éxito de su obra?

Sí, y estoy agradecido a Rumbos por eso. También me gusta que la lean gente de todas las edades, desde chicos que comienzan a leer, a ancianitos. Además leen Mayor y Menor gente de diferentes estratos y sexos, lo cual también es muy gratificante. Me han escrito desde monjas hasta pilotos de avión, para que te des una idea. Rumbos ha sido parte fundamental de esta diversificación.

-¿Era su objetivo llegar a publicar también para adultos?

Algunos me cuentan que leen Mayor y Menor porque les hace recordar a cuando ellos eran chicos o a sus propios hijos. Yo sin darme cuenta había hecho algo que era de muy rápida identificación para los adultos.

-Una característica notable de Mayor y Menor es que tiene continuidad.

Sí, me gusta que crezcan los personajes, desde el principio ha sido mi intensión. Como lo que hago es contar una historia, el que crezcan es primordial. Hubo un tiempo en el cual se estancaron los personajes, pero con este giro del nacimiento de la hermanita de Nacho y Toby la historia se refrescará. Te digo que me resistí un tiempo a este cambio, porque le quitaba el titulo de menor al Toby, lo que me daba un poco de pena, pero el papel de hermano del medio era muy interesante como para dejarlo pasar.

-¿Tiene algún personaje preferido de Mayor y Menor?

El que más me gusta,  como personaje y para dibujar, es el Toby ya que es como calladito y cada tanto tiene esas salidas como graciosas, fruto de su ingenuidad. Pero con quién más me siento identificado es con Nacho, ya que piensa mucho de lo que yo pienso, es muy parecido a mi yo niño, pese a que no soy hermano mayor.

-Como curiosidad, ¿de donde surgen los nombres de los hermanos?

De mis sobrinos, tengo un sobrino que se llama Toby y otro que se llama Nacho, aunque no son hermanos.

-Muchas gracias Chanti, ha sido un placer.

Gracias a vos.
    


martes, 9 de diciembre de 2014

Solís, el trabajador del arte (segunda parte)




-Le quiero preguntar sobre sus preferencias artísticas, no sólo de la escultura, sino también de la música, la historieta, la pintura. ¿Cuáles serían esos nombres que usted  diría que no le pueden faltar?

Bueno, si me hablas de música, te digo que en general  me gusta la música; no entiendo el ruido llamado música. Debe ser un poco por mi edad, porque la generación nuestra no acepta el ruido como música. No la  quiero negar porque no la entiendo, pero si a mí me hablas de música popular te puedo decir que me gusta mucho Piazzolla. Me encanta. Creo que es uno de los músicos argentinos mejor dotados; pero en general  me gusta la música clásica. Piazzolla  se asemeja mucho a la música clásica y aparte fue un recreador del tango de una forma realmente musical. La música de tango me gusta, creo que de lo popular-popular es lo que más se asemeja a la música. En una época, cuando era muy joven, me gustaba el jazz, pero aquel jazz de Glenn Miller, de hace muchos años atrás, te hablo de cuando yo había nacido. Es la música que escuchaba la juventud, pero no era ruido, como es hoy, era música. Pero en este momento te hablo con tranquilidad y te digo con toda sinceridad que me gusta la música clásica en general y, particularmente en lo popular, Piazzolla.

-¿Y por ejemplo en el campo de la escultura, la pintura o  la historieta?

En la historieta tengo muy buenas relaciones. La historieta, o digamos, el humor gráfico que en Córdoba se ha dado mucho desde Alberto Cognini, un gran amigo mío que fue el creador de la revista Hortensia, pasando por señores dibujantes de historieta como el caso Cristóbal Reinoso, "Crist", que es otro compañero de andanzas o el "Negro" Fontanarrosa en Rosario. El humorismo gráfico es muy importante en nuestro país, y particularmente en Córdoba.Después en otras disciplinas de arte te puedo decir que me gusta mucho el teatro. No te olvides de algo que no te conté todavía que yo fui Director de Cultura en la ciudad de Córdoba y estuve relacionado con casi todas las disciplinas artísticas. De mi dirección dependían el departamento de música, el departamento de plástica y el departamento de letras y  teatro. O sea que en música no solamente teníamos la orquesta de cuerdas, sino teníamos los coros polifónicos, teníamos una banda infanto-juvenil muy linda, que estaba todo a cargo mío y después en plástica teníamos, aparte de las actividades prácticas, un museo, el Genaro Pérez; y en letras también teníamos un departamento muy, muy importante. En teatro,  si tenemos que empezar a hablar en detalle, debemos dividir lo que es el teatro cordobés y el teatro nacional, el teatro argentino. Del teatro cordobés  me inclino por el clásico cordobés que fue Miguel Iriarte, con sus famosos  San Vicente Super Star, Quince Carbonitas Quince; con un montón de cosas que se hicieron en Córdoba a raíz de Miguel Iriarte, y eso viene enganchado en mi vida porque cuando yo era alumno de la escuela secundaria, la escuela de comercio era (nada que ver con el arte, ni con el teatro), surgió un grupo de alumnos de la escuela, un movimiento de teatro que se llamó Siripo. En este movimiento de teatro yo participé, y no como actor, sino como escenógrafo; a mí me gustaba dibujar, hacer cosas, entonces  yo proponía la escenografía. Y en este grupo artístico Siripo, participaba Miguel Iriarte también; en esa época éramos chicos, claro.

-Fue compañero de usted, entonces.

Fue compañero mío de la escuela y después él fue actor y nos encontramos en la vida siendo él actor y yo Director de cultura. Eso fue el desarrollo del teatro cordobés. Después en el país, y llamémosle  desgraciadamente  país a Buenos Aires, tenemos  el movimiento de teatro que está compuesto por el teatro vocacional y el teatro profesional.  Del  primero nacieron la mayoría de actores que hoy  son profesionales. El movimiento de teatro vocacional en Buenos Aires es muy importante, te puedo nombrar señores actores como Duilio Marzio, Ignacio Quirós. Gente que nació de este movimiento de teatro vocacional, qué después murieron; Duilio murió hace poquito tiempo, era un gran amigo mío, Ignacio murió ya hace unos doce, quince años. Se formaron en el teatro vocacional y pasaron a ser señores actores del  teatro argentino; después podemos hablar de Alcón y de un montón de actores para enumerar.

-Me interesa, ya que justo lo nombró, lo de su tiempo como Director de Cultura de la ciudad de Córdoba. ¿Cómo fue su experiencia en el cargo?

Mira, yo a veces no hablo mucho de este tema porque, lamentablemente, la política del ser humano es la política de la negación de lo anterior. Yo formé parte de  la gente que estuvo en Cultura en la época de lo que llamaban el Proceso;  yo ingreso como Director de Cultura en el año ochenta, que todavía estaban los militares, pero ya yéndose, porque cuando yo ingreso al cargo ya no había militares en la Intendencia de la ciudad de Córdoba, el Intendente era Rubén Pellanda, que era un médico, quién fue el que me convoco a mí para ser Director de Cultura. No tenía ningún personaje militar  yo , ni en mi departamento, ni siendo jefe mío ni nada, porque mi jefe era el Secretario de Cultura de la Municipalidad que era Prudencio Bustos Argañarás, que es historiador, que  fue ahora diputado y qué se yo, pero no era militar. Yo nunca estuve con un arma en la mano, yo era del gobierno del Proceso pero hacía cultura; yo participé de la transformación de los mercados de producción o mercados de abasto en centros culturales, como el Centro  Cultural  San Vicente, el de Alta Córdoba o el de General Paz. Nosotros participamos en la creación del Paseo de las Artes; esa  fue una obra que se hizo en la época en que yo era Director de Cultura.

-Desde su perspectiva, ¿en qué es fuerte y en que es débil Córdoba artísticamente hablando?; si es que “fuerte” es el término correcto. ¿En qué le falta florecer a Córdoba?

-Bueno, acá lo que nos falta son años. Nuestro pueblo es  muy   joven todavía; o sea, el arte, como te dije al principio, se mide por el tiempo, si  se mantiene como obra arte. Entonces la cultura de un pueblo se forja a través de la historia. ¿Por qué la historia de la cultura del mundo está en Europa? Porque son los  pueblos  más viejos que están haciendo cultura. En la ciudad de Córdoba yo te puedo decir que cambiaron algunas cosas desde que yo dejé de ser Director de Cultura a ahora pero el problema es cuando se politiza la cultura. En la democracia, intervinieron los intereses  políticos de cada corriente; cuando cambia el signo político, cambia el signo del arte, el porqué del arte,  y eso nos pasa no solamente en la ciudad de Córdoba, nos pasa aquí en Villa  Allende. Cuando teníamos un gobierno de otro color acá, había manifestaciones culturales de otra forma.

-Quieren guiar el arte para cumplir sus objetivos.

Claro, cada uno lo mueve para donde le van los votos. O sea, yo me jacto de haber asesorado a algunos gobiernos de la ciudad de  Villa Allende  cuando recién vine acá, de esto hace 25 años. Traté de asesorar cultura, yo había dejado de ser Director de Cultura en Córdoba y me vine a vivir a Villa Alllende, y traté de ofrecer o regalar mi experiencia de Director de Cultura y de artista para hacer alguna especie de movimiento cultural en Villa Allende y fue cuando creamos los  circuitos de escultura al aire libre que se hacían en la plaza Belgrano, aquí en la ciudad, que se hicieron durante varios años con participación de escultores de  todo el país. Se congregaban acá veinte, veinticinco escultores que trabajaban  una  semana entera a vista de toda la gente y  era un movimiento cultural muy lindo, que después tomó la posta de eso , cuando se dejó de hacer acá,  Unquillo y allí siguen haciendo esos encuentros de escultura, que hoy están llenando la ciudad de Unquillo con esculturas buenas, con obras importantes, que acá nosotros las perdimos porque los gobiernos que sucedieron a los de antes no les interesó. Entonces, se acabó la corriente cultural que habíamos, no impuesto, pero  que sí habríamos tratado de hacer durante la época en que yo trabajé asesorando, nada más. Yo ni era funcionario público, ni me interesaba  serlo, sino que me sentía amigo de los funcionarios públicos del momento, que me convocaron, me pidieron la opinión y yo traté de asesorar. 

-Claro, los aconsejaba.

Exactamente.

-¿Cuál es el “poder” del arte, por así decirlo? O sea, si yo me convierto en artista, ¿qué puedo hacer?

El arte no tiene un poder determinado. El arte es la voz de un pueblo, dicha desde la órbita del artista. O sea, el artista es un ser humano como cualquier otro, con la diferencia de que hace arte. Entonces, el escritor sabe escribir y, como también es ser humano y como vecino, va a escribir sobre su pueblo y sobre su gente. Esa es la importancia que tiene el arte en este caso. Yo como escultor voy a ser un vecino más que cuente las cosas desde el punto de vista de un artista, entonces esta es la importancia, pero no el poder. El arte  no tiene poder. El artista tiene la suerte  de saber decir de otra forma lo que a lo mejor todo el pueblo quiere decir. Es una manifestación popular, nada más. Porque no creamos que lo popular es solamente los corsos, los festivales; no, la expresión popular es todo.

-Como la cultura, que es todo.

Claro, porque cultura no es solamente pintar cuadros y hacer esculturas. Cultura es la manifestación de un pueblo. La expresión, la marca que va a dejar en la calle  el pueblo que pasó en esta época; por eso es que medimos por ahí los tiempos de acuerdo al tipo de obra que se hicieron, porque  cuando mi obra se vea dentro de 500 años van a decir:  “Ah, mira, en aquella época había  máquinas de soldar que eran tan antiguas que podían hacer nada más que esto.  Ahora se hace todo electrónico”.

-Por último, ¿qué le recomendaría o qué le recomienda a un joven artista, a un joven escultor?

Yo le recomiendo a la gente que quiera hacer arte, primero y principal, estudiar; ir a la escuela. Esta no fabrica artistas, te lo dije al principio, pero te enseña los caminos para llegar a hacer  una obra de arte. Entonces, primero y principal, estudiar y después no creer que el artista es de fiesta, el artista tiene que trabajar como un obrero. El trabajo y el conocimiento logran una obra de arte.

-Muchas gracias, señor Solís.

Gracias a vos.                


lunes, 24 de noviembre de 2014

Solís, el trabajador del arte (primera parte)



"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando."
Pablo Picasso.




  •           Entrevista de La Palabra con el genial escultor cordobés Manuel Eduardo Solís.
  •        Solís: "El arte es trabajo, sacrificio, preocupación, dolor"
Nos movemos entre mundos de metal, mientras el experimentado escultor me cuenta las historias de esos mundos, sus mundos, que son mujeres, quijotes, cristos y, sobre todo, toros, su marca personal, su magnum opus. Estamos a mediados de 2014 y es una fría mañana de jueves en la ciudad de Villa Allende.  Hace minutos he entrado a la casa del escultor cordobés  Manuel Eduardo Solís  (1936) y me está enseñando alguna de sus obras, las que no están en museos, en plazas, o  en colecciones privadas. Le comento que  mis favoritos de su obra son los quijotes, que no tienen la fuerza del toro,  ni la sensualidad, y acaso esa fluidez de sus mujeres, pero sí un aura y hasta un alma de solemnidad encantadora. Subimos escaleras de piedra y pasamos a una acogedora cocina, en donde empezamos la entrevista.

-¿Por qué es escultor? ¿Qué lo motivo a ejercer su oficio?

-Es una consecuencia de vida, de chico me gustaba dibujar, yo era quien, en las fiestas del 25 de mayo, dibujaba el Cabildo, el que hacía la casita de Tucumán el 9 de julio, etc.  Sin haber estudiado nunca dibujo, me surgió la idea de dibujar y alguna vez compré un pincel y empecé a pintar cosas, hasta que llegó una persona que me recomendó ir a la escuela de arte. Seguí el consejo de esa persona y me inscribí en la Escuela Figueroa Alcorta, allá por los años sesenta, la cual creo que es la mejor escuela de arte que tenemos en Córdoba, sin ninguna duda.Allí adentro, empecé a ver todo el misterio del arte que yo desconocía; donde intervenían un montón de materias que yo nunca había visto, como morfología, composición gráfica, historia del arte y otras más que sirven para formar a un artista.                             
Por supuesto, también teníamos escultura como materia y llegó un momento en que nuestro profesor, Mario Rosso, a quien considero mi maestro sin ninguna duda,  nos manda a hacer una composición con el material que quisiéramos. A mí se me ocurrió, ya que trabajaba en un taller metalúrgico de maquinas de soldar,  usar el hierro, respetando  así lo que conocía como oficio, pero no como arte todavía. De allí, me surgió la idea de hacer una escultura de un toro, la cual es el primer toro que hago en mi vida. Ya que me sentí bien haciéndolo, lo llevé a clase. A mi maestro le gustó tanto que me incitó para que la mandara a un concurso, que fue el Salón de Otoño de Río Cuarto. Y entonces, mandé esta obrita, que para mí era un ejercicio de la escuela, nada más, no una escultura y resultó ganadora del gran premio de honor de  escultura, cosa que a mí me llamó la atención, ya que era la primera vez que hacía algo parecido a una escultura y que lo exponía públicamente. Entonces pensé que o hay un gran error por parte del jurado o esto que estoy haciendo yo sirve para algo. Empecé a interiorizarme más en esto de la escultura y mi maestro me dice: “Mira, vos no sos pintor, nunca vas a ser pintor; dedícate a la escultura porque vos tenes un oficio para manejar esto”.

- Una pregunta clásica: ¿Cuál es el porqué del toro?

No hay un porqué. Los toros nacieron espontáneamente, desde que me salió aquella casualidad. Desde allí, empecé a estudiar sobre la forma del toro, empecé a dibujar el toro que yo quería hacer; y hoy me encuentro, después de 40 y pico de años de hacer esculturas, tratando de buscar  ese toro que nunca supe hacer. Por eso tanta cantidad de…

[Su empleada lo interrumpe,  buscando la llave para abrir el portón]

 -Como te decía, no hay periodista que no me pregunte: ¿y por qué toros? y ¿por qué el toro? La verdad es que no hay un porqué definitivo…

-Surgió.

Surgió y yo le di importancia al toro. No solamente que lo empecé a dibujar mucho, sino que empecé a leer sobre  él. Comencé a desglosar esta discordia entre el toro y la corrida de toros, entre los españoles y los toreros, entre los mexicanos y los toreros; y yo me puse del lado del toro, defendiendo esta imagen de mi toro. Me propuse ponerme en contra de las corridas de toro, incluso de los toreros. Nunca hice un torero; nunca,  jamás. No quiero rendir homenaje a un torero que mata a un toro. Estoy siempre del lado del toro y trato de contarle a la gente de que yo trato de hacerle un homenaje al toro como animal de fuerza, contraponiéndome a esto de las corridas, que es sanguinario y cruel.

-Quiere reflejar la fortaleza del toro pero no el sufrimiento del animal.

No me interesa para nada el sufrimiento del animal. Y no sólo eso, esa vejación a la que es sometido. Lo relajan al toro, le inyectan productos, lo azuzan. Entonces, sigo haciendo toros. Yo ya he cumplido 78 años, voy a tener 80 pronto, y creo que me voy a morir tratando de hacer aquel toro que nunca supe hacer. Pero, cómo vos viste en la salita de exposición que yo tengo en mi taller, tengo otras imágenes. Hay mujeres, quijotes, cristos. Hay una serie de temas, pero no tantos, porque el tema no es lo más importante del artista, lo más importante es la obra, saber decir, querer decir algo. Trato de, en mi idioma, decir toro, decir mujer, decir quijote. Trato de esta forma expresarme. Yo soy un poquito enemigo de la inspiración, que es una palabra tan remanida...

-La famosa frase de Picasso.

Voy justamente a eso. Yo me amparo en la palabra del maestro, Pablo Picasso, que dijo que, si hay realmente inspiración, que me agarre trabajando. Si me llega la inspiración, que yo nunca la sentí, te lo digo con toda sinceridad, pues que me agarre en el taller laburando. Porque sin trabajo, no hay arte. El arte es trabajo, sacrificio, preocupación, dolor…

-Hay que romperse el “coco”.

No solamente, sino que también te tenes que arriesgar como persona. Vos haces algo que después va a ser criticado por la gente y va a ocupar un lugar en la sociedad de la gente, y esta va a decir "¿pero esta porquería hiciste?" y "¿por qué esto?, si esto no es lo que vale." Yo pregunto: ¿y dónde está la medida para que valga?, ¿quién es el artista y quién no?,  ¿cuál es la medida para saber si yo soy más o menos artista?

-Quien le pone la nota final.
Claro, quien me pone el título. En las escuelas de arte no fabrican artistas, sino que te enseñan caminos para hacer obras que, con el tiempo, serán significadas o no como obras de arte. Yo hoy no te puedo decir si mis obras son obras de arte, son expresiones con las que yo digo toro, digo quijote, y que el tiempo y la distancia alguna vez dirán:”Ah, esto es una obra de arte”.

-Entonces, usted dice que el artista debe ser valorado no después de que muera, por ejemplo, sino después de que ha dejado de trabajar.

No necesariamente así. La obra se decanta sola, si se sostiene en el tiempo. Yo soy un gran admirador de Miguel Ángel Buonarroti, porque hace más de 500 años que está vigente. Esto quiere decir que eso sí es una obra de arte.

-Pasan los tiempos, pasan las culturas…

Claro. 500 años! 500 años! Yo no puedo decir que mi obra, que actualmente tiene 50 años, es una obra de arte. No! Esta ocupando un lugar en la cultura de los pueblos. Es una expresión de un ser, un habitante, un vecino, en este caso de Villa Allende, que se expresa de esta forma. El tiempo va a decir si eran o no obras de arte. Es cierto que hablamos los que tenemos más suerte que otros; yo debo tener hechas; no sé, no quiero exagerar para no hablar estupideces, pero debo tener 1000 obras en 50 años de producción y esas 1000 obras no las tengo yo guardadas. Están en casas de familia, en museos, en colecciones particulares y oficiales. Esas obras están contándole a la gente  que alguna vez pueden llegar a ser una obra de arte.

-Me interesa ahora preguntarle si el artista tiene que tener sensibilidad social. ¿Se tiene que sumergir dentro de los problemas de la sociedad en la cual vive para poder crear?

No, no necesariamente. Porque corre el riesgo de convertirse en un panfleto. Yo estoy en contra del arte panfleto; a mí no me gusta, por ejemplo, decirte que la presidenta que tenemos no me gusta con una escultura. Si yo tengo que expresarme políticamente lo voy a hacer con palabras, con un escrito, y voy a decirte que la presidenta no me gusta, pero no voy a utilizar mi profesión de artista para soltar un panfleto a la opinión pública. El arte panfleto no me gusta.

-No para darle un título a los medios. “ A Solís no le gusta esto” por ejemplo.

No, no, para nada. Es cierto que el ser humano naturalmente es político y si un artista es un ser humano, como lógicamente es, puede tener opinión política, pero a mí particularmente no me gusta, aunque no condeno a nadie que lo haga. A mí no me gusta expresarme con mi idioma de artista en la  política, en la sociedad, en los hechos privados de la gente. Yo no puedo decir que estoy de acuerdo con el matrimonio de hombres con hombres con una escultura; puedo expresarlo y contártelo a vos, pero con la escultura no me gusta; la escultura es otra cosa.

-Y por ejemplo para casos en que un artista, no sé si usted, quiera reflejar la violencia del bullying? Son casos no políticos, pero es posible  mostrarlos en el arte. ¿Puede el artista hacerlo?

Ojo, todo se puede. Lo que yo digo no es que no se pueda hacer, es que a mí no me gusta hacerlo. Poder se puede hacer, a lo mejor incluso se debe hacer; en el teatro se manifiesta esto, en la literatura se escriben historias de hechos sociales y de delincuencia y de desastres. Pero a mí personalmente no me gusta utilizar la obra de arte como arte panfleto. No me gusta criticar a nadie a través de mi obra, a mi me gusta dar expresiones, decir toro de esta forma.

-Ahora me gustaría ir más a la parte técnica. ¿Su proceso de trabajo cómo es?

Bueno, yo te dije al principio de que yo trabajaba en la industria metalúrgica. Ahora voy a ir más profundo: yo nací en una fábrica de maquinas de soldar que era de mi abuelo; entonces me crié en el ambiente de trabajar en un taller metalúrgico, donde hacíamos maquinas de soldar. Primero fui el nieto de mi abuelo, que correteaba entre los fierros; después fui a trabajar con mi abuelo; fui empleado de la fabrica; fui socio de mi abuelo hasta que él muere y yo me quedo a cargo de esa fábrica de maquinas de soldar. Yo conocí a fondo, conozco a fondo, lo que es una soldadura eléctrica, y conozco a fondo el oficio de fabricar una máquina de soldar; eso me sirvió primero para conocer bien el oficio metalúrgico, para poder expresar en una herrería  como se hace el marco de una puerta. Punto. Sin embargo, en un momento dado, yo te estoy hablando de cuando era muy joven,  en nuestro país no existía todavía la soldadura eléctrica, incluso más, había muy pocas maquinas de soldar que venían de importación y  no eran accesibles para toda la gente. Los talleres soldaban con soldadura autógena, que es un proceso totalmente diferente al de la soldadura eléctrica. Entonces en aquel momento nosotros teníamos que demostrarle  a los talleres que la soldadura eléctrica servía más que la soldadura autógena, era más rápida, más espontánea, deformaba menos el hierro, todo ese tipo de cosas; pero ocurrió en mí que cuando yo caigo a la escuela de arte me di cuenta que, lo que aprendía en la escuela sobre artes plásticas y lo que yo tenía de conocimiento de oficio, los podía fundir en una impresión de hacer esculturas con el oficio que yo tenía, que era la soldadura eléctrica.

-¿Cómo llega a realizar la forma curvilínea de la mujer?


Son dos disciplinas distintas. Para realizar el toro yo utilizo hierros de chatarra; o sea, repuestos de autos; piezas de herramientas viejas; chatarra, realmente; rezagos de lo que se tira. Con eso, de acuerdo a un dibujo preconcebido, realizo un toro. La vibración que me da la chatarra y la forma de soldarla con la soldadura eléctrica te da la energía, la vibración, el movimiento y la bravura de una figura de un toro. Pero en el caso de una figura femenina, donde hay líneas románticas, líneas suaves, hay que utilizar otra disciplina, que en este caso es chapa batida, que se llama en italiano chapa batuta, que quiere decir “golpeada”. Con la chapa se dan las formas curvas que se sueldan con pedazos de taseles que se van armando con mucha suavidad, con las costuras casi invisibles, para darle esto que decíamos recién de la suavidad, el romanticismo, la figura femenina, todo ese tipo de cosas. O sea, son dos disciplinas distintas: una es trabajar la chapa, como chapa batida y la otra es trabajar chatarra con soldadura.