"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando."
Pablo Picasso.
- Entrevista de La Palabra con el genial escultor cordobés Manuel Eduardo Solís.
- Solís: "El arte es trabajo, sacrificio, preocupación, dolor"
Nos movemos
entre mundos de metal, mientras el experimentado escultor me cuenta las
historias de esos mundos, sus mundos, que son mujeres, quijotes, cristos y, sobre
todo, toros, su marca personal, su magnum opus. Estamos a mediados de 2014 y es
una fría mañana de jueves en la ciudad de Villa Allende. Hace minutos he entrado a la casa del escultor
cordobés Manuel Eduardo Solís (1936) y me está enseñando alguna de sus
obras, las que no están en museos, en plazas, o
en colecciones privadas. Le comento que mis favoritos de su obra son los quijotes, que
no tienen la fuerza del toro, ni la sensualidad,
y acaso esa fluidez de sus mujeres, pero sí un aura y hasta un alma de
solemnidad encantadora. Subimos escaleras de piedra y pasamos a una acogedora
cocina, en donde empezamos la entrevista.
-¿Por qué es escultor? ¿Qué lo motivo a
ejercer su oficio?
-Es una
consecuencia de vida, de chico me gustaba dibujar, yo era quien, en las fiestas
del 25 de mayo, dibujaba el Cabildo, el que hacía la casita de Tucumán el 9 de
julio, etc. Sin haber estudiado nunca
dibujo, me surgió la idea de dibujar y alguna vez compré un pincel y empecé a
pintar cosas, hasta que llegó una persona que me recomendó ir a la escuela de
arte. Seguí el consejo de esa persona y me inscribí en la Escuela Figueroa
Alcorta, allá por los años sesenta, la cual creo que es la mejor escuela de
arte que tenemos en Córdoba, sin ninguna duda.Allí adentro, empecé
a ver todo el misterio del arte que yo desconocía; donde intervenían un montón
de materias que yo nunca había visto, como morfología, composición gráfica,
historia del arte y otras más que sirven para formar a un artista.
Por
supuesto, también teníamos escultura como materia y llegó un momento en que
nuestro profesor, Mario Rosso, a quien considero mi maestro sin ninguna duda, nos manda a hacer una composición con el
material que quisiéramos. A mí se me ocurrió, ya que trabajaba en un taller
metalúrgico de maquinas de soldar, usar
el hierro, respetando así lo que conocía
como oficio, pero no como arte todavía. De allí, me surgió la idea de hacer una
escultura de un toro, la cual es el primer toro que hago en mi vida. Ya que me
sentí bien haciéndolo, lo llevé a clase. A mi maestro le gustó tanto que me
incitó para que la mandara a un concurso, que fue el Salón de Otoño de Río Cuarto. Y entonces, mandé esta
obrita, que para mí era un ejercicio de la escuela, nada más, no una escultura
y resultó ganadora del gran premio de honor de
escultura, cosa que a mí me llamó la atención, ya que era la primera vez
que hacía algo parecido a una escultura y que lo exponía públicamente. Entonces
pensé que o hay un gran error por parte del jurado o esto que estoy haciendo yo
sirve para algo. Empecé a interiorizarme más en esto de la escultura y
mi maestro me dice: “Mira, vos no sos pintor, nunca vas a ser pintor; dedícate
a la escultura porque vos tenes un oficio para manejar esto”.
- Una pregunta clásica: ¿Cuál es el
porqué del toro?
No hay un
porqué. Los toros nacieron espontáneamente, desde que me salió aquella
casualidad. Desde allí, empecé a estudiar sobre la forma del toro, empecé a
dibujar el toro que yo quería hacer; y hoy me encuentro, después de 40 y pico
de años de hacer esculturas, tratando de buscar
ese toro que nunca supe hacer. Por eso tanta cantidad de…
[Su empleada lo
interrumpe, buscando la llave para abrir
el portón]
-Surgió.
Surgió y yo le
di importancia al toro. No solamente que lo empecé a dibujar mucho, sino que
empecé a leer sobre él. Comencé a
desglosar esta discordia entre el toro y la corrida de toros, entre los
españoles y los toreros, entre los mexicanos y los toreros; y yo me puse del
lado del toro, defendiendo esta imagen de mi toro. Me propuse ponerme en contra
de las corridas de toro, incluso de los toreros. Nunca hice un torero;
nunca, jamás. No quiero rendir homenaje
a un torero que mata a un toro. Estoy siempre del lado del toro y trato de
contarle a la gente de que yo trato de hacerle un homenaje al toro como animal de
fuerza, contraponiéndome a esto de las corridas, que es sanguinario y cruel.
-Quiere reflejar la fortaleza del toro
pero no el sufrimiento del animal.
No me interesa
para nada el sufrimiento del animal. Y no sólo eso, esa vejación a la que es
sometido. Lo relajan al toro, le inyectan productos, lo azuzan. Entonces, sigo
haciendo toros. Yo ya he cumplido 78 años, voy a tener 80 pronto, y creo que me
voy a morir tratando de hacer aquel toro que nunca supe hacer. Pero, cómo vos
viste en la salita de exposición que yo tengo en mi taller, tengo otras
imágenes. Hay mujeres, quijotes, cristos. Hay una serie de temas, pero no
tantos, porque el tema no es lo más importante del artista, lo más importante
es la obra, saber decir, querer decir algo. Trato de, en mi idioma, decir toro,
decir mujer, decir quijote. Trato de esta forma expresarme. Yo soy un poquito
enemigo de la inspiración, que es una palabra tan remanida...
-La famosa frase de Picasso.
Voy justamente a
eso. Yo me amparo en la palabra del maestro, Pablo Picasso, que dijo que, si
hay realmente inspiración, que me agarre trabajando. Si me llega la inspiración,
que yo nunca la sentí, te lo digo con toda sinceridad, pues que me agarre en el
taller laburando. Porque sin trabajo, no hay arte. El arte es trabajo,
sacrificio, preocupación, dolor…
-Hay que romperse el “coco”.
No solamente,
sino que también te tenes que arriesgar como persona. Vos haces algo que
después va a ser criticado por la gente y va a ocupar un lugar en la sociedad
de la gente, y esta va a decir "¿pero esta porquería hiciste?" y "¿por qué esto?,
si esto no es lo que vale." Yo pregunto: ¿y dónde está la medida para que
valga?, ¿quién es el artista y quién no?,
¿cuál es la medida para saber si yo soy más o menos artista?
-Quien le pone la nota final.
Claro, quien me pone el título. En las escuelas de arte no
fabrican artistas, sino que te enseñan caminos para hacer obras que, con el
tiempo, serán significadas o no como obras de arte. Yo hoy no te puedo decir si
mis obras son obras de arte, son expresiones con las que yo digo toro, digo
quijote, y que el tiempo y la distancia alguna vez dirán:”Ah, esto es una obra
de arte”.
-Entonces, usted dice que el artista debe
ser valorado no después de que muera, por ejemplo, sino después de que ha
dejado de trabajar.
No
necesariamente así. La obra se decanta sola, si se sostiene en el tiempo. Yo
soy un gran admirador de Miguel Ángel Buonarroti, porque hace más de 500 años
que está vigente. Esto quiere decir que eso sí es una obra de arte.
-Pasan los tiempos, pasan las culturas…
Claro. 500 años!
500 años! Yo no puedo decir que mi obra, que actualmente tiene 50 años, es una
obra de arte. No! Esta ocupando un lugar en la cultura de los pueblos. Es una
expresión de un ser, un habitante, un vecino, en este caso de Villa Allende,
que se expresa de esta forma. El tiempo va a decir si eran o no obras de arte.
Es cierto que hablamos los que tenemos más suerte que otros; yo debo tener
hechas; no sé, no quiero exagerar para no hablar estupideces, pero debo tener
1000 obras en 50 años de producción y esas 1000 obras no las tengo yo
guardadas. Están en casas de familia, en museos, en colecciones particulares y
oficiales. Esas obras están contándole a la gente que alguna vez pueden llegar a ser una obra de
arte.
-Me interesa ahora preguntarle si el
artista tiene que tener sensibilidad social. ¿Se tiene que sumergir dentro de
los problemas de la sociedad en la cual vive para poder crear?
No, no
necesariamente. Porque corre el riesgo de convertirse en un panfleto. Yo estoy
en contra del arte panfleto; a mí no me gusta, por ejemplo, decirte que la
presidenta que tenemos no me gusta con una escultura. Si yo tengo que
expresarme políticamente lo voy a hacer con palabras, con un escrito, y voy a
decirte que la presidenta no me gusta, pero no voy a utilizar mi profesión de
artista para soltar un panfleto a la opinión pública. El arte panfleto no me
gusta.
-No para darle un título a los medios. “
A Solís no le gusta esto” por ejemplo.
No, no, para
nada. Es cierto que el ser humano naturalmente es político y si un artista es
un ser humano, como lógicamente es, puede tener opinión política, pero a mí
particularmente no me gusta, aunque no condeno a nadie que lo haga. A mí no me
gusta expresarme con mi idioma de artista en la política, en la sociedad, en los hechos
privados de la gente. Yo no puedo decir que estoy de
acuerdo con el matrimonio de hombres con hombres con una escultura;
puedo expresarlo y contártelo a vos, pero con la escultura no me gusta; la
escultura es otra cosa.
-Y por ejemplo para casos en que un
artista, no sé si usted, quiera reflejar la violencia del bullying? Son casos
no políticos, pero es posible mostrarlos
en el arte. ¿Puede el artista hacerlo?
Ojo, todo se
puede. Lo que yo digo no es que no se pueda hacer, es que a mí no me gusta
hacerlo. Poder se puede hacer, a lo mejor incluso se debe hacer; en el teatro
se manifiesta esto, en la literatura se escriben historias de hechos sociales y
de delincuencia y de desastres. Pero a mí personalmente no me gusta utilizar la
obra de arte como arte panfleto. No me gusta criticar a nadie a través de mi
obra, a mi me gusta dar expresiones, decir toro de esta forma.
-Ahora me gustaría ir más a la parte
técnica. ¿Su proceso de trabajo cómo es?
Bueno, yo te
dije al principio de que yo trabajaba en la industria metalúrgica. Ahora voy a
ir más profundo: yo nací en una fábrica de maquinas de soldar que era de mi
abuelo; entonces me crié en el ambiente de trabajar en un taller metalúrgico,
donde hacíamos maquinas de soldar. Primero fui el nieto de mi abuelo, que
correteaba entre los fierros; después fui a trabajar con mi abuelo; fui
empleado de la fabrica; fui socio de mi abuelo hasta que él muere y yo me quedo
a cargo de esa fábrica de maquinas de soldar. Yo conocí a fondo, conozco a fondo,
lo que es una soldadura eléctrica, y conozco a fondo el oficio de fabricar una
máquina de soldar; eso me sirvió primero para conocer bien el oficio
metalúrgico, para poder expresar en una herrería como se hace el marco de una puerta. Punto.
Sin embargo, en un momento dado, yo te estoy hablando de cuando era muy
joven, en nuestro país no existía
todavía la soldadura eléctrica, incluso más, había muy pocas maquinas de soldar
que venían de importación y no eran
accesibles para toda la gente. Los talleres soldaban con soldadura autógena,
que es un proceso totalmente diferente al de la soldadura eléctrica. Entonces
en aquel momento nosotros teníamos que demostrarle a los talleres que la soldadura eléctrica
servía más que la soldadura autógena, era más rápida, más espontánea, deformaba
menos el hierro, todo ese tipo de cosas; pero ocurrió en mí que cuando yo caigo
a la escuela de arte me di cuenta que, lo que aprendía en la escuela sobre
artes plásticas y lo que yo tenía de conocimiento de oficio, los podía fundir en
una impresión de hacer esculturas con el oficio que yo tenía, que era la
soldadura eléctrica.
-¿Cómo llega a realizar la forma
curvilínea de la mujer?
Son dos
disciplinas distintas. Para realizar el toro yo utilizo hierros de chatarra; o
sea, repuestos de autos; piezas de herramientas viejas; chatarra, realmente;
rezagos de lo que se tira. Con eso, de acuerdo a un dibujo preconcebido,
realizo un toro. La vibración que me da la chatarra y la forma de soldarla con
la soldadura eléctrica te da la energía, la vibración, el movimiento y la
bravura de una figura de un toro. Pero en el caso de una figura femenina, donde
hay líneas románticas, líneas suaves, hay que utilizar otra disciplina, que en
este caso es chapa batida, que se llama en italiano chapa
batuta, que quiere decir “golpeada”. Con la chapa se dan las formas
curvas que se sueldan con pedazos de taseles que se van armando con mucha
suavidad, con las costuras casi invisibles, para darle esto que decíamos recién
de la suavidad, el romanticismo, la figura femenina, todo ese tipo de cosas. O
sea, son dos disciplinas distintas: una es trabajar la chapa, como chapa batida
y la otra es trabajar chatarra con soldadura.

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